EL QUESO MENTAL DEL AUTOENGAÑO
(Extraído del Libro "LA FABRICA DE QUESOS... QUESERÍA SI HUBIERA TOMADO ACCIÓN")
Autor: Lic. Fernando Daniel Peiró
Derechos Reservados
El queso del autoengaño es suave, agradable y tiene un sabor dulzón que reconforta. Es el tipo de queso que se deshace en la boca y nos hace sentir momentáneamente bien, solo que en el fondo nos alimenta de falsas creencias.
Representa todas esas historias que nos contamos para no enfrentar la realidad, esas excusas disfrazadas de verdades que nos mantienen atrapados en la comodidad de lo conocido.
Este queso no es fácil de detectar, porque quien lo consume cree firmemente en su sabor. Se convence a sí mismo de que no está evadiendo, sino que simplemente es realista, prudente o cauteloso. Sin embargo, detrás de cada justificación hay un miedo, una duda o una inseguridad que impide avanzar. Mientras más tiempo se consume este queso, más complejo se hace diferenciar la verdad de la justificación y más profundo se queda uno en la inacción.
Las historias que nos contamos
Podríamos ser tú o yo, repitiéndonos frases que suenan lógicas y que en realidad son barreras invisibles. Algunas de las más comunes son:
"Si no lo intento, al menos no fracasaré."
"No soy bueno en eso, mejor ni empiezo."
"Las cosas son así, no hay nada que pueda hacer para cambiarlas."
"Ya es demasiado tarde para intentarlo."
"Cuando tenga más tiempo/dinero/energía, lo haré."
"Soy así, no puedo cambiar."
"Si no me arriesgo, al menos estaré seguro."
"No vale la pena esforzarse tanto si las cosas igual no salen bien."
"Si nadie más lo ha intentado, seguramente es porque no es posible."
Estas frases parecen inofensivas, aunque la verdad es que cada una de ellas refuerza la idea de que no nos sentimos capaces, de que estamos limitados por circunstancias externas o de que el esfuerzo no lo vale (la pena). Nos aferramos a ellas porque nos protegen de la incomodidad de llevarlo a cabo y fracasar, aunque al mismo tiempo, nos encierran en una jaula mental. Con el tiempo, la repetición de estas ideas moldea nuestra identidad, convirtiéndonos en personas que simplemente no avanzan a la acción, dejan de anhelar y permanecen sin cambio alguno.
El "Qué sería si..." del autoengaño
Tarde o temprano, las personas que se han alimentado de este queso empiezan a preguntarse:
¿Qué sería si descubriera que sí soy capaz?
¿Qué sería si intentara y, en lugar de fracasar, aprendiera algo valioso?
¿Qué sería si dejara de justificar mi inacción y realmente hiciera un cambio?
¿Qué sería si la única barrera real estuviera en mi mente?
Cuando estas preguntas aparecen, el queso del autoengaño comienza a perder su sabor, y por consecuencia, la persona ve la posibilidad de algo distinto.
Reconocer que uno mismo ha sido su mayor obstáculo no es sencillo y requiere de suma valentía para romper con viejos patrones limitantes y que nos hace perder la voluntad de aventurarnos. De alguna manera es como si nos hubieran metido en un congelador.
Las trampas del queso del autoengaño
Este queso es uno de los más engañosos porque se encubre de racionalidad. Algunas de sus trampas más comunes son:
La falsa prudencia:
"No es que tenga miedo, es que simplemente quiero estar seguro antes de actuar."
Aunque la precaución o cautela es importante, esperar el momento perfecto suele ser solo una excusa para no salir de la comodidad. La perfección no existe y esperar la certeza absoluta solo garantiza que nunca se actúe. Detrás de esta trampa se esconde el miedo al fracaso, disfrazado de sensatez.
El pesimismo aprendido:
"En mi familia nadie ha logrado algo así, entonces ¿por qué yo sí?"
Esta trampa nos hace creer que el pasado define nuestro futuro, cuando en realidad, cada decisión puede cambiar el rumbo. Nos aferramos a historias familiares o experiencias previas frustrantes y dolorosas, como una manera de evitar la responsabilidad de hacer algo nuevo.
La comparación paralizante:
"Hay gente mucho mejor que yo en esto, ¿para qué intentarlo?"
Compararse con otros puede ser útil para motivarse. Cuando se usa como excusa para la inacción, se convierte en una trampa que impide cualquier tipo de crecimiento. La idea de que otros ya han logrado lo que queremos alcanzar no debería ser una razón para detenernos, sino una prueba de que si es posible.
El mito del talento innato:
"O naces con habilidades o no las tienes."
Esta idea errónea impide que muchas personas desarrollen sus capacidades, cuando la realidad es que todo se aprende con práctica y dedicación. El esfuerzo y la disciplina siempre supera a la falta de talento innato. Muchas veces evitamos hacer el esfuerzo por hacerlo porque queremos resultados inmediatos. Esto se conoce como “retribución inmediata”.
El famoso síndrome del impostor:
"No soy lo suficientemente bueno, en cualquier momento la gente se dará cuenta de eso… Y no quiero pasar por eso."
Quienes padecen esto sienten que no merecen sus logros y viven con el miedo constante de ser "descubiertos" como un fraude. Esta trampa impide disfrutar de los avances y bloquea la confianza en uno mismo.
La distorsión del tiempo:
"Mañana lo haré."
Y ya sabemos que el mañana nunca llega y la acción se pospone indefinidamente, dejando una sensación de culpa y estancamiento. Cada día que pasa sin actuar es un día perdido y cuando uno se percata de ello aparece el “QUE SERÍA”. Muchas personas viven esperando un futuro idealizado en lugar de construirlo con acciones diarias. Esperar un milagro es observar cómo salen raíces en los pies, pero no los frutos.
La resignación vestida de aceptación:
"Las cosas son así y no se pueden cambiar."
Aceptar la realidad es positivo y construye nuestra vida, pero resignarse y usar esto como excusa para no actuar es solo otra forma de autoengaño.
La verdadera aceptación implica reconocer lo que está fuera de nuestro control, y permitirnos tomar acción en lo que sí podemos cambiar.
El miedo a la crítica:
"¿Y si los demás piensan que estoy equivocado?"
La necesidad de aprobación de los demás puede convertirse en un freno que impide tomar decisiones arriesgadas, aunque muy valiosas. Vivir en función de la opinión externa nos aleja de nuestro propósito y nos mantiene en la cárcel del autoengaño.
Cómo cerrar la fábrica del queso del autoengaño
Identificar nuestros patrones de pensamiento limitantes.
Escribir en un cuaderno las excusas más frecuentes que poseemos y analizarlas en profundidad, ayuda a detectar el autoengaño.
Empezar con pequeñas acciones inmediatas.
En lugar de esperar el momento perfecto que nunca llegará, tomar una acción concreta HOY (mañana es nunca).
Desafiar el diálogo interno.
En lugar de decir "no puedo", preguntarse "¿cómo puedo hacerlo posible?"
Ir al encuentro de referencias de personas que han superado barreras similares es un camino atinado. Ver ejemplos reales de éxito contribuye a desmontar creencias limitantes que muchas veces son invisibles y no las podemos identificar.
Aceptar que los errores son parte del proceso.
El miedo al fracaso solo desaparece cuando entendemos que errar es aprender.
Tomar responsabilidad total sobre la propia vida. Dejar de culpar a factores externos y asumir que el cambio depende únicamente de uno mismo (y no es poesía).
Preguntas para la Auto Reflexión:
¿Cuáles son las historias que más te repites para justificar no tomar acción?
¿Qué harías si supieras con certeza que no puedes fallar?
¿Cuántas oportunidades has dejado pasar por miedo a equivocarte?
¿Cómo cambiaría tu vida si dejaras de autoengañarte y actuaras con más confianza?
¿Qué primer paso puedes tomar hoy para romper con una creencia limitante?
Cuando nos convencemos de nuestras propias historias falsas, queremos que todo esté bajo control. Este en un autoengaño demasiado duro de aceptar.
Nos obsesionamos con manejar cada detalle y no confiamos en el proceso de la vida.
Así surge la “necesidad de controlarlo todo”, lo cual nos impide delegar, confiar y soltar.
Un saludo. Carpe diem (aprovechar el día).
Fernando Daniel Peiró
Autor Mentor / Liderazgo, Resolución de Conflictos, Toma de Decisiones, Desarrollo del Potencial Humano
Web: https://www.fernandodanielpeiro.com/






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Elena curutchet (miércoles, 20 mayo 2026 08:38)
Hola, muy cierto, yo logré grandes cambios cuando, me acepte , valore, con autoestima, allí me di cuenta, es importante accionar,y siempre sea bueno o malo el resultado la experiencia vivida nos deja algo, gracias por compartir, muy buen día
Lina (viernes, 22 mayo 2026 08:39)
Oh Dios, cuántas verdades en un solo texto!
Excelente análisis, te felicito Fernando!